Niños en el crimen: libro de Julio Scherer García

  
'Los niños en el crimen' es uno de los últimos libros de Julio Scherer García (1926-2015). El periodista y escritor, fundador de la Revista Proceso, desde la editorial Grijalbo nos cuenta como es y de donde surge la delincuencia infantil en México. Scherer buscó generar consciencia sobre los niños que generación tras generación, ante las carencias en las que se ven envueltos, se convierten en criminales desde los 12, 13 o 14 años de edad, incurriendo en delitos que van desde asaltos, hasta los más sanguinarios homicidios comparables con los de una película de terror.

El autor afirma que el panorama no muestra intenciones de generar un cambio sobre esta situación; pues las autoridades gubernamentales, en vez de garantizar salud, educación y trabajo; tres cosas que parecieran ser la solución a esta problemática, se han enfocado en buscar o construir nuevos centros de retención para jóvenes infractores, sabiendo que en dichos lugares, que fungen como escuelas de delincuentes, consiguen la libertad habiendo perfeccionado sus métodos e intereses criminales.

En el libro se mencionan casos como el de 'El Ponchis', un niño que a sus 14 años de edad, con una madre drogadicta y un padre tras las rejas, ya degollaba y mutilaba a sus víctimas, tarea que le era ordenada por sus jefes de un cartel del narcotráfico, a cambio de una jugosa cantidad de dinero, mismo que invertía en droga para su consumo personal. Casos como este ya no tienen solución; 'El Ponchis' no volverá a ser una persona común, por lo que no existe forma de que pueda re-insertarse y convivir con una sociedad tal como la conocemos. A pesar de ello, las leyes judiciales en México parecen nobles al tratarse de menores de edad.

Sin duda, 'Niños en el crimen' es un texto capaz de dejarnos con una sensación de inseguridad nunca antes experimentada, sabiendo que cualquiera, sin importar la edad, podría ser un cruel victimario, orillado por su incapacidad ante la vida y necesidad de sobrevivir de alguna manera, o simplemente por que no conoce otra forma de vida. Un texto que expone una situación de la que pocas veces nos enteramos o creemos como casos aislados, pero que cada día, inevitablemente, se siguen repitiendo.

La desaparición de Lucy Partington

 En noviembre de 1973, el hoy famoso escritor inglés Martin Amis era un autor emergente de 24 años que acababa de publicar 'El libro de Rachel', una novela con la que ganó el prestigioso Premio Somerset Maugham. Pero sólo un mes después, su éxito se vio oscurecido por un trágico suceso familiar: el 27 de diciembre su prima Lucy Partington, de 21 años, se dirigía a casa de su madre para pasar la Navidad y desapareció sin dejar rastro. Fue vista por última vez en una parada de autobús y no se volvió a saber nada de ella en 21 años, hasta que sus restos fueron encontrados enterrados en el jardín del número 25 de Cromwell St., junto a los de otras ocho mujeres. Había sido víctima de los West, un matrimonio británico que secuestraba, torturaba y violaba a mujeres jóvenes encontrando placer en ello. Amis cuenta en su obra 'Experiencia' que la desaparición de su prima marcó su vida. A la angustia de tantos años sin saber de ella le siguió el dolor de la certeza y el sufrimiento de imaginar lo que debió soportar Lucy en sus últimas horas, dado el sadismo con el que Fred West solía atacar a sus víctimas. Amis considera a éste "un siniestro tarado a quien la niñez le enseñó a ser adicto a ese momento en que la impotencia se convierte en prepotencia".

Fanni Kaplan: la mujer que intentó asesinar a Lenin


El 30 de agosto de 1918, Lenin sufría un atentado tras dar un discurso en la fábrica Mijelson. Una mujer, Fanni Kaplan, tuvo el valor de dispararle tres tiros al líder de los Bolcheviques. Lenin logró recuperarse pero las heridas deterioraron significativamente su salud. ya no volvería a ser el mismo hasta su muerte el 21 de enero de 1924.

Fanni Kaplan era una mujer de origen judío, nacida en 1890 como Feiga Jaimova Roitman en la provincia ucraniana de Zhytomir (su nombre, Feiga, significa pájaro en hebreo). Cambió de nombre cuando sus padres se marcharon a Estados Unidos iniciando así sus primeras acciones revolucionarias y relacionándose con grupos anarquistas. Inicialmente realizaba actividades muy modestas, como el transporte de bombas y literatura prohibida. En una ocasión fue detenida por la policía zarista portando una bomba en Kievy y es condenada a muerte en 1906 junto a otro grupo de revolucionarios. Pero ella era muy joven, contaba entonces con tan sólo 16 años de edad y por tal razón su pena es conmutada por la de cadena perpetua.

Estando en la cárcel conoce a algunas personas que influyen ideológicamente en ella y se aleja del anarquismo para acercarse al socialismo. Tras consumarse la revolución rusa es liberada y vaga de un lugar a otro con el grupo de gente que conoció en la cárcel. Poco tiempo después Kaplan siente que Lenin ha traicionado la revolución y decepcionada decide maquinar un plan para eliminarlo. Es el 30 de agosto de 1918 cuando a la salida de un discurso en una fábrica Lenin es alcanzado por tres disparos que salen del arma de Fanni Kaplan.

Tras el atentado, Kaplan es detenida por los bolcheviques y la interrogan creyendo que detrás de lo sucedido hay una gran conspiración, sin embargo, en su declaración Kaplan argumenta que el atentado no fue más que una acción personal y se reconoce como eserista (una corriente socialista que competía contra el comunismo por el poder): "Mi nombre es Fanni Kaplan. Hoy disparé a Lenin. Lo hice con mis propios medios. No diré quién me proporcionó la pistola. No daré ningún detalle. Tomé la decisión de matar a Lenin hace ya mucho tiempo. Le considero un traidor a la Revolución. Estuve exiliada en Akatuy por participar en el intento de asesinato de un funcionario zarista en Kiev. Permanecí once años en el régimen de trabajos forzados. Tras la Revolución fui liberada. Aprobé la Asamblea Constituyente y sigo apoyándola".

Unos días después, el 6 de septiembre, se declara por vez primera el terror rojo y será contra los eseristas, considerados los nuevos enemigos de la revolución. Unos 800 socialistas revolucionarios son ejecutados sin juicio alguno en los siguientes meses.

Fuente consultada: telegrama-zimmermann.com

Los sanguinarios opríchnik de Iván el Terrible

Iván el Terrible fue el primer monarca en autoproclamarse "zar de todas las rusias". La ira descontrolada y la violencia marcaron sus cincuenta años de reinado, el más prolongado de entre todos los zares, en los que estableció las bases del futuro imperio ruso.


Iván IV era un hombre desconfiado, por lo que en 1565 creó los «proporciono», una guardia personal del zar cuyo objetivo era "liquidar la infamia y la traición" que asolaban Rusia. El monarca elegía a estos hombres personalmente y así creó una élite militar que llegó a alcanzar los 6.000 miembros. Para asegurarse de su lealtad, Iván les otorgó importantes privilegios y les obligó a no mezclarse con el resto del pueblo. Para ello, expropió numerosas tierras y constituyó la denominada "oprichnina": un conjunto de cuarenta ciudades en las que sus hombres se instalaron a su gusto, aniquilando cualquier forma de protesta.

Los rusos temían el sadismo y brutalidad de los opríchnik, que disfrutaban torturando a sus víctimas. Un ejemplo de su saña fue la actuación que tuvieron durante el sitio a la ciudad de Novgorod. Construyeron en las afueras de la ciudad un tobogán que descendía desde una colina hasta el río Voljo. En la cima mutilaban a sus víctimas y ataban los cuerpos en trineos que luego precipitaban hasta las aguas heladas. Allí, opríchnik provistos de hachas navegaban en barcas para exterminar a cualquier osado que intentara salvarse. El régimen de terror impuesto por estos asesinos duró sólo seis años, ya que fueron disueltos en 1571. Sin embargo, fue tiempo suficiente para que Iván IV se deshiciera de todos sus enemigos.

Charles Manson y el infierno en Cielo Drive

Los asesinatos cometidos por "La familia", como se hacían llamar los seguidores de Charles Manson, en la mansión de Cielo Drive, perteneciente al cineasta Roman Polansky, el 8 de agosto de 1969 marcaron un antes y un después en la era de la contracultura. Fue el fin de la época de la inocencia hippie, el brusco despertar a la realidad para la generación del amor libre y las drogas psicológicas. También cambió para siempre el acceso a la vida de los famosos, que a partir de ese día blindaron las puertas de sus casas, las fiestas fueron cada vez más exclusivas y eran resguardadas por ejércitos de prensa y guardaespaldas.


La histeria desencadenada por los crímenes hizo que Frank Sinatra se escondiera durante un tiempo en paradero desconocido y que su entonces esposa Mia Farrow, que había rodado con Polansky "La semilla del Diablo", no asistiera al funeral de Sharon Tate, creyendo que podría convertirse en la próxima victima. Además, una armería de Beberly Hills que despachaba una media de dos pistolas al día, llegó a vender más de 200 revólveres y rifles en los dos días posteriores a la matanza. Eso si, la curiosidad morbosa en torno a la figura de Manson no ha cesado, y la casa ubicada en el 10500 de Cielo Drive figura como un atractivo turistico de Los Angeles, así como el rancho Spahn, donde se refugió Manson junto a sus seguidores durante un tiempo.

El asesinato de Sharon Tate fue brutal. Estaba embarazada de ocho meses cuando fue apuñalada y junto a ella murieron otras tres personas que le hacían compañía: Jay Sebring, Wojciech Frykowski y Abigail Folger. Se dice que lo ocurrido fue algo más que un asesinato, que en realidad se trató de una especie de ritual de iniciación para Roman Polansky en el que se le pidió sacrificar a su esposa, condición a cumplir si quería ser exitoso en el mundo cinematográfico de Hollywood. Cabe destacar que la mayoría de filmes dirigidos por Polansky están cargados de cuestiones esotéricas, temáticas diabólicas y escenas de rituales, sacrificios, entre otras situaciones de origen ocultista.

Un poco sobre el Síndrome de Estocolmo


En el año 1973, en Estocolmo, la tranquila capital de Suecia, ocurrió algo muy inusual que conmocionó al país, el atraco al Banco de Crédito de la ciudad. El asalto se complicó cuando los delincuentes fueron descubiertos y la policía rodeó el edificio, lo cual provocó que las personas que estaban dentro del banco fueran retenidos como rehenes durante varios días. Mientras pasaban las horas y las negociaciones se extendían, y a pesar del miedo que provocaba la situación, los cautivos se fueron identificando de tal manera con sus raptores que terminaron colaborando con ellos y protegiéndolos de los cuerpos de la policía. El fenómeno llegó a tal punto que, al ser liberados, algunos rehenes no querían separarse de los asaltantes, algunos llegaron a expresar muestras de afecto y devoción por ellos. Esta reacción ante el cautiverio fue bautizada como Síndrome de Estocolmo por el psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca.

Un caso muy ejemplar es el de Patty Hearst, una joven estadounidense que fue secuestrada por un grupo revolucionario de izquierda radical denominado Ejercito Simbiótico de Liberación (SLA por sus siglas en ingles). Los captores hicieron un trato con los padres de Hearst, quienes a cambio de su libertad entregaron alimento para los pobres con un valor de 6 millones de dólares. Sin embargo, ella no regresó a casa, se sintió identificada con la causa por la que luchaba dicha organización y se unió a sus filas. Cambió su nombre por el de Tania, en honor a la guerrillera argentina Tamara Bunke, que combatió junto al Che Guevara en Bolivia. El 5 de abril de 1974 fue fotografiada junto a otros miembros de la organización radical cuando atracaban un banco. En septiembre de 1975 fue detenida y pasó un tiempo en prisión.


De acuerdo con el punto de vista psicológico, el Síndrome de Estocolmo se debe al sentimiento de vulnerabilidad que provoca el hecho de ser privados de la libertad, si bien no es frecuente el que las victimas reaccionen de esta forma. Otra razón puede ser que la victima se identifique de alguna manera con el victimario, llegando a admirarlo y aveces hasta a imitarlo. Un punto importante es que para que la victima reaccione de tal manera, el victimario debe comportarse de una forma muy poco agresiva e incluso amable para lograr que la victima acceda sin que sea necesario el uso de la violencia.

Fuente consultada: ojocientifico.com

Brady y Hindley: los asesinos de los páramos

Uno y otro llegaron a ser la encarnación del mal. La sola fotografía de Myra Hindley (con el cabello teñido de rubio, los ojos oscuros y amenazadores, el labio inferior formando un puchero y vestida con lo que irónicamente pareciera ser un uniforme de mujer policía) permanece en la memoria de muchos como el ejemplo de la maldad y demencia existente en este mundo.


El terror comenzó en 1961, cuando la empresa en la que trabajaba Brady contrató a una nueva secretaria. Brady era un admirador de los nazis, de Nietzsche y del marqués de Sade, inteligente de forma patológica y de escasa cultura. Hindley, la nueva secretaria, cayó de inmediato rendida a sus encantos y se convirtió en su amante. Ella estaba bajo su influjo, pero al mismo tiempo influía fuertemente sobre Brady. Podríamos decir que se complementaban, una y otro eran como dos ingredientes de un cóctel letal.

El primer asesinato se produjo el 12 de julio de 1963, y fue Hindley, quien trajo a su coche a la primera victima: Pauline Read, una joven de 16 años que regresaba a casa caminando tras asistir a un baile en Manchester. Hindley se ofreció para llevarla a casa pero condujo a la muchacha hasta Saddleworth Moor con la excusa de haber perdido un guante allí. Le dijo a Pauline que le regalaría una colección de discos si la ayudaba a encontrarlo. Sin embargo, su trágico destino ya estaba planeado: sería violada y asesinada. Brady llegó al páramo en motocicleta y esperó a que llegara Hindley con su victima. Este procedimiento se repetiría cada seis meses durante los siguientes dos años. Por fin, en octubre de 1965, Brady y Hindley cometieron un error: invitaron a David Smith, cuñado de Hindley, para que les acompañara esa noche. Brady lo había estado preparado durante meses y creía que ya estaba listo para participar en sus violaciones y asesinatos.


El 6 de octubre por la noche, Smith llegó a casa de Brady y Hindley, le sorprendió verlos matando a hachazos a una victima de 17 años. Quedo horrorizado. Hizo cuanto pudo para limpiar las huellas del crimen y esconder el cuerpo, juró que mantendría la boca cerrada y a continuación fue a su casa y confesó lo que había pasado a su esposa Maureen, la Hermana de Hindley. Ella fue la que le convenció de denunciarlos con la policía. Seis meses después, tanto Brady como Hindley fueron condenados a una pena mínima de 30 años en prisión por el asesinato de 5 jóvenes. Se les denegó el permiso para contraer matrimonio dentro de la cárcel y continuaron su relación por correspondencia, pero con el paso del tiempo fueron distanciándose uno del otro. Hindley mantuvo sus protestas de inocencia hasta 1986 y falleció en 2002, tras pasar 36 años entre rejas. Brady declaró en numerosas ocasiones que no deseaba salir en libertad y pidió permiso para dejarse morir de hambre.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Henri Landru: el asesino de viudas (1869-1922)

La historia de Henri Landru, un asesino en serie conocido como Barba Azul y originario de Francia, comienza en 1908. Ese año, contando con 39 años de edad, se embarcó en un negocio turbio que acabaría costando la vida de diez mujeres, un hombre y dos perros.


Landru era un estafador, un maleante que ya había estado preso en varias ocasiones. Era un hombre de baja estatura y calvo, cuyas pobladas cejas le daban un aire de asombro continuo. Era inteligente, ruin y romántico, además gozaba de un apetito sexual voraz. Desde que empezó a matar, principalmente para apropiarse del dinero y bienes de sus victimas, la mayoría de éstas fueron viudas francesas, mujeres que coincidían en llevar una vida solitaria y miserable. Los homicidios se llevaron a cabo entre 1914 y 1918, siguiendo una pauta parecida en todos los asesinatos:  Landru publicaba un anuncio en los diarios de París en los que se presentaba como «viudo con dos hijos, de posición respetable y muy serio» que deseaba conocer a «una viuda dispuesta a contraer matrimonio». Concertaba entonces una cita, la relación florecía y finalmente la viuda desaparecía.

Las primeras cinco victimas sucumbieron en su villa de Chantilly. Durante un tiempo cortejó a una tal madame Cuchet. Tras una ruptura, la mujer se presentó en el domicilio de Barba Azul acompañada de su familia para intentar una reconciliación. Landru no se encontraba en la casa, y la familia advirtió a madame Cuchet que éste hombre parecía ser un tipo engañoso y de poca confianza. Pese a ello, madame Cuchet y su hijo pequeño se trasladaron a vivir con Landru y nunca más se supo de ellos.


En 1917, Landru se fue a vivir a una casa nueva en Gambais, a unos 40 km al oeste de París. En ella instaló un enorme horno de hierro fundido y esperó dos años antes de asesinar de nuevo. Los vecinos de Landru empezaron a notar que un humo negro y pestilente emanaba de la chimenea de la casa. Allí se cometieron al menos cinco asesinatos más, pero en 1919 la racha de suerte llegó a su fin. Una tal mademoiselle Lacoste buscaba a su hermana desaparecida, madame Buisson, de la que se sabía que vivía en una casa de Gambais. Madamoiselle Lacoste encontró la casa, pero estaba desocupada. El alcalde le aconsejó que se pusiese en contacto con la familia de la también desaparecida madame Collomb. Empezó una casería, y no pasó mucho tiempo hasta que mademoiselle Lacoste vio a Landru saliendo de una tienda en París, allí fue detenido.

Fueron necesarios dos años para llevar a Juicio a Landru, pero una vez procesado el jurado apenas pasaron 25 minutos para que fuera declarado culpable de 11 cargos de asesinato. Fue condenado a la guillotina y ejecutado en febrero de 1922. En su última mañana se negó a oír misa y rechazó la tradicional copa de coñac que le ofreció el carcelero. Pese a que siempre negó los cargos, 50 años después de su muerte se encontró una confesión escrita oculta entre diversos dibujos que había realizado en prisión. Actualmente su cráneo se encuentra en exhibición en el Museo de la Muerte de Hollywood, Los Ángeles.



Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Félicien Kabuga: el hombre que financió un genocidio


El peor genocidio de la historia reciente ocurrió en los meses de abril y junio de 1994, en Ruanda, cuando entre 800,000 y un millón de personas de la etnia tutsi fueron masacradas sistematicamente (20% de la población de aquel país), a dicha etnia pertenecían quienes lideraban Ruanda desde 1961 hasta 1994, año en el que los hutus asumieron el poder. Aunque el abominable evento fue planeado y organizado por políticos allegados al entonces presidente Juvénal Habyarimana, apoyado además por decenas de miles de militares y civiles de la mayoría étnica hutu, el empresario millonario Félicien Kabuga jugó uno de los papeles más significativos. Miembro del circulo intimo del presidente, creó un fondo especial donde reunió dinero para sostener la campaña, al que llamó Fondo Nacional de Defensa, y del cual se instituyó como administrador. Así se dio a la tarea de suministrar buena parte de las armas para realizar las atrocidades, y dispuso de dinero, uniformes, medios de transporte y apoyo político a las milicias creadas exclusivamente para llevar a cabo la limpieza étnica, sobre todo un cuerpo paramilitar conocido como Interahamwe. Este hombre dio ordenes de incitar a la población al extremismo y la violencia a través de su influyente periódico y las numerosas estaciones de radio de su propiedad.


Antes de los trágicos eventos, Kabuga ayudó a redactar una lista de miembros prominentes de la población tutsi que debían ser ejecutados. El también conocido como "financiero del genocidio" es uno de los cinco principales autores de este suceso que aún siguen sin ser juzgados por el Tribunal Internacional Criminal para Ruanda, de las Naciones Unidas, acusados de crímenes de lesa humanidad, y por quienes se ofrecen 5 millones de dólares por su captura. Se sospecha que Kabuga pueda estar escondido en la ciudad de Nairobi, Kenia, protegido por el gobierno de aquel país.

No existen rasgos específicos para diferenciar a los tutsis de los hutus, pero en las credenciales de identidad se mencionaba la etnia a la que pertenecían, estas distinciones fueron eliminadas a finales de 1994 para evitar futuros enfrentamientos.

Información extraída de la revista: Muy Interesante (junio 2013)

La Mano Negra: vándalos italianos en Estados Unidos

La migración de más de un millón sicilianos durante los siglos XIX Y XX a Estados Unidos fue aprovechada por la mafia italiana para transferir sus operaciones al otro lado del Atlántico. Se creía que el primer indicio de la presencia de la mafia en tierras norteamericanas surgió en el cambio de siglo con la aparición de la Mano Negra, una organización criminal que operó principalmente en Nueva York ocupando las primeras planas de los periódicos por sus terribles crímenes.

La banda de la Mano Negra recibió ese nombre a partir de sus costumbre de enviar cartas o mensajes atemorizantes marcados con el sello de una mano en color negro, en los que amenazaban a sus victimas pidiéndoles grandes sumas de dinero, de lo contrario ejercerían violencia contra ellos. Al parecer, el procedimiento derivaba de una práctica italiana de la década de 1880 que consistía en mancharse una mano de negro con polvo de carbón para dejar una marca en la pared. A partir del año 1900 los miembros de las comunidades inmigrantes, principalmente tenderos y pequeños empresarios, comenzaron a recibir este tipo de cartas. Si no pagaban, estaban expuestos a ser atacados o baleados.

El miedo a que la banda de La Mano Negra fuese una agrupación bien organizada se extendió rápidamente, pero de hecho las notas eran escritas en distintos dialectos y de formas diferentes, lo cual ofrecía pistas sobre su verdadero origen. Simplemente se trataba de la obra de individuos o pequeñas bandas criminales que no tenían conexión entre sí y provenían de diferentes partes de Europa. Muchos de ellos no eran italianos, y las amenazas de la Mano Negra llegaban a judíos y otros inmigrantes de Europa del Este a través de vándalos de sus propias comunidades. En el libro «La Mano Negra», escrito en 1977 por Thomas Picken, decía que no eran más que «grupos desorganizados de ladrones e individuos sin un líder central ni estructura jerárquica».

El fenomeno de la Mano Negra comenzó a desaparecer en la década de 1920. Pudo haber sucedido, en parte, debido a un refuerzo de la ley y a una más fácil detección de los criminales, pero también ha sido atribuido a la llegada de la Prohibición, también llamada ley seca, que fue establecida en la constitución de los Estados Unidos prohibiendo a sus ciudadanos la venta y consumo de bebidas alcohólicas.

Habitantes de Little Italy, una pequeña comunidad de inmigrantes italianos en Manhattan.

Información extraída del libro: La Biblia de las sociedades secretas (Joel Levy)

El día que intentaron matar a Ronald Reagan

El 30 de marzo de 1981 Ronald Reagan se dirigía hacia su coche desde el hotel Washington Hilton, donde había pronunciado un discurso en una asamblea de trabajadores, cuando un joven se adelantó, se le puso enfrente y le disparo seis tiros con un revólver Rohm RG-14 a una distancia de tres metros. Ninguno de los disparos acertó al presidente directamente, pero una bala rebotó en el cristal blindado del coche presidencial y le perforó el pulmón izquierdo. Tres miembros del grupo que rodeaba a Reagan recibieron también impactos y el que quedó herido de mayor gravedad fue el jefe de prensa, Jim Brady. El agresor fue derribado inmediatamente por los agentes del servicio secreto. El presidente fue introducido a su coche y llevado a toda prisa al hospital.

El responsable fue un hombre de 25 años, sin empleo y con tendencias depresivas llamado John Warnock Hinckley. En los cinco años anteriores al intento de asesinato, Hinckley se había obsesionado con la película «Taxi Driver» y con la protagonista, Jodie Foster, hasta el punto que había planeado secuestrar un avión y cometer suicidio públicamente en un lugar donde ella pudiera verlo. Luego concibió un plan para asesinar al presidente de Estados Unidos y ganar así la fama suficiente como para equipararse a la de ella. A Hinckley le daba igual a qué presidente matar, pues antes de atentar contra la vida de Reagan había pensado hacerlo con su predecesor en el cargo, Jimmy Carter.


Durante el juicio el 21 de junio de 1982, Hinckley fue declarado «no culpable» en virtud de su demencia, aunque el fiscal insistió en que estaba legalmente cuerdo. El veredicto indignó a muchos estadounidenses y se abolió en cuatro estados el uso de la demencia como defensa. Hinckley fue internado en el hospital de St. Elizabeth en Washington D. C. Tras 17 años se le permitió abandonar el hospital durante un tiempo limitado y supervisado para visitar a sus padres. Al año, las visitas se habían alargado y se consideró que ya no hacía falta supervisión, pero se le revocó ese privilegio al descubrir que había introducido a escondidas material sobre la actriz Jodie Foster en el hospital.


Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Asesinatos en Amityville (1974)

La noche del 14 de noviembre de 1974, la policía recibió una llamada para que acudiesen a una casa de Amityville, en el condado de Suffolk (Nueva York). Allí encontraron seis cuerpos sin vida, la familia DeFeo casi al completo. Padre y madre, dos hijos y dos hijas habían sido asesinados con un rifle mientras dormían en sus camas. El único superviviente, Ronald hijo (también llamado Butch), parecía inconsolable. Durante sus conversaciones con la policía señaló que el responsable podía ser Louis Fatini, un mafioso que según Butch había mantenido alguna rencilla con su padre.

La historia no acababa de cuadrar. Butch era un joven que se irritaba fácilmente, adicto a las drogas, y su pasión por las armas de fuego era bien conocida: en una ocasión había encañonado con na escopeta cargada a uno de sus mejores amigos. No sólo eso, en más de una oportunidad había amenazado con matar a su padre, la última vez menos de una semana antes de los asesinatos. Butch presentó una minuciosa coartada, plagada sin embargo de inconsistencias.

La verdad salió finalmente a la luz. A primeras horas del 14 de noviembre, Butch, armado con un rifle Martin calibre 35, había entrado en el dormitorio de sus padres y disparo en dos ocasiones a su padre y otras dos a su madre. A continuación se dirigió a la habitación de sus hermanos y mató a John y Mark de varios disparos. Finalmente, accedió al cuarto en el que dormían sus hermanas y también las asesinó. Un año después, durante el juicio, la defensa de Butch intentó alegar enajenación mental. Butch declaró ante el tribunal: «Cuando tengo un arma en la mano, no tengo dudas de quién soy, soy Dios». Pese a ello, existían numerosas pruebas de que tras los asesinatos había actuado con considerable astucia: el jurado consideró que, al tirar sus ropas ensangrentadas al alcantarillado, estaba en posesión de sus facultades mentales. Fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua por el sextuple asesinato.


Este crimen inspiró libros y películas que tocados por la ficción desarrollaron una historia en la que destacaban situaciones paranormales. Las historias ficticias cuentan que Butch cometió los asesinatos debido a que la casa se encontraba embrujada y una entidad maligna le aconsejaba hacerlo.

Información extraída del libro: Crimenes (Nick Yapp)

Los juicios de Núremberg (1945-1949)

Entre 1945 y 1949, la ciudad alemana de Núremberg fue escenario de juicios de guerra, una serie sin precedentes de procesos legales para determinar la culpabilidad o inocencia de varios dirigentes nazis a propósito de diversos cargos. Nunca antes se había pedido cuentas a los vencidos tras el final de la contienda, y la elección de Núremberg fue deliberada, ya que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial identificaban la ciudad con el triunfalismo nazi.


En Núremberg se juzgaron cuatro grandes crímenes: la participación de un proyecto común o complot para cometer crímenes contra la paz; la planificación, el inicio y el libramiento de guerras de agresión; crímenes de guerra, y crímenes contra la humanidad. De un número aproximado de 20 acusados principales, 12 fueron condenados a muerte pero, a decir verdad, sólo 10 fueron ejecutados. Martin Bormann fue condenado a muerte en su ausencia, y sus restos aparecieron por casualidad en Berlín en 1972: se supuso que había sido abatido por francotiradores rusos el 1 de mayo de 1945. Hermann Göring se suicidó con veneno la noche antes de ser ejecutado. Entre los ejecutados se contaban tres gobernadores de los territorios ocupados por los nazis durante la guerra (Hans Frank, Alfred Rosenberg y Arthur Seyss-Inquart); dos ministros del gobierno nazi (Wilhelm Frick y Joachim von Ribbentrop), y dos comandantes en jefe de la Wehrmacht (Alfred Jodl y Wilhelm Keitel). Jodl fue exonerado a título póstumo por un tribunal alemán que lo declaró ajeno a la ideología nazi en 1953.

El deseo de Churchill era que a los acusados se les negase el juicio y fuesen ejecutados de plano, pero Estados Unidos se opuso a tan fragante ilegalidad. Josef Stalin, entonces líder de la Unión Soviética, abogó por la ejecución en masa de entre 50.000 y 100.000 oficiales de Estado Mayor alemán, pero ni Churchill no Roosevelt se mostraron dispuestos a ello. Entre las propuestas estadounidenses se contaba el Plan Morgenthau para liberar a Alemania de la influencia e ideología nazi. El plan fue rechazado por Stalin. Finalmente, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética llevaron a cabo los juicios.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Propaganda Due: una logia masónica criminal

Propaganda Dos (Propaganda Due en italiano), más conocida como P2, fue una logia «encubierta» de la francmasonería, famosa por sus vínculos con figuras de la política, los servicios de inteligencia y la mafia, y por su supuesta participación en una red de negocios sucios como el lavado de dinero y la malversación a gran escala, el apoyo a regímenes derechistas, atrocidades terroristas de «bandera falsa» y una larga lista de asesinatos, entre los que se encuentran el de un primer ministro y un papa.

La P2 original fue creada en 1877 por el gran maestro masón de Italia como una logia privada para aquellos miembros del parlamento que deseasen «ignorar» la prohibición de la francmasonería que había instaurado la Iglesia católica romana sin dañar su reputación. El gobierno fascista de Mussolini ilegalizó la francmasonería y suprimió la P2, pero la logia volvió a operar en 1946 y en la década de los sesenta el fascista Licio Gelli se convirtió en su líder. Durante su mandato la P2 se transformó en esa especie de sociedad secreta que describen los teóricos de la conspiración: un grupo supersecreto y corrupto de miembros de la élite derechista, en el que unían fuerzas empresarios y lideres mediáticos, políticos, clérigos, militares y oficiales de los servicios de inteligencia, además de mafiosos.



Utilizando contactos de alto nivel con los servicios de inteligencia, así como chantajes en caso de ser necesario, Gelli se valió de la P2 para dar a conocer sus planes fascistas y anticomunistas, apoyar las dictaduras derechistas de América Latina, crear alianzas profanas entre oficiales corruptos del Vaticano y la mafia, y sobre todo enriquecerse. Gelli y la P2 estuvieron implicados en acciones de contrabando nazi, operaciones encubiertas para desestabilizar gobiernos democráticos de Italia y otros países, actos terroristas y conspiraciones criminales para lavar el dinero de la mafia proveniente de las drogas y malversar miles de millones de los principales bancos.

La sociedad secreta estuvo incluso implicada en las misteriosas muertes del primer ministro italiano Aldo Moro en 1978, el papa Juan Pablo I ese mismo año y Roberto Calvi, apodado «el banquero de Dios», en 1982. Aunque su lista de miembros fue revelada durante una redada policial en la mansión de Gelli en 1981 y la logia supuestamente fue destruida, Gelli trajo de cabeza a las autoridades durante los siguientes diecisiete años antes de finalmente caer en manos de la justicia.

Información extraída del libro:
La Biblia de las sociedades secretas (Joel Levy)

Ramón Mercader: el hombre que asesinó a Trotsky

El 20 de agosto de 1940, en Coyoacán, México, era asesinado el revolucionario ruso León Trotsky en manos de Ramón Mercader, quien con brutalidad y por la espalda, le clavó un piolet en la cabeza. Trotsky había sido expulsado de la Unión Soviética por oponerse rotundamente a las políticas de Stalin, durante su exilio entabló una relación de amistad con Ramón Mercader, hombre que se hacia pasar por un empresario canadiense llamado Frank Jackson, acercándose al revolucionario con el único fin de asesinarlo.

Durante los veinte años de cárcel que cumplió en México, el supuesto Jacqes Monard (otro alias que utilizó Mercader al ser detenido) siempre defendió que había cometido el crimen por iniciativa propia, al haber comprendido que Trotsky era un traidor que utilizaba la lucha obrera en su beneficio. Nadie le creyó, pero su tapadera se mantuvo hasta 1953, cuando se descubrió que su auténtico nombre era Ramón Mercader, que había nacido en Barcelona en 1913 y que había abandonado España en agosto de 1937 para permanecer en París y, desde allí, viajar a México en 1939 con pasaporte canadiense. Lo que siempre se dio por seguro y hoy se sabe (documentos desclasificados lo demuestran) es que Stalin lo había reclutado para matar a Trotsky. Así parecía probarlo el hecho de que Mercader recibiera hasta 1960 una suma periódica de dinero estando en prisión, o que a su salida, en 1961, viajara directamente a Moscu, donde se le recibió como a un héroe y se le condecoró con la Orden de Lenin y la Medalla de Oro de la URSS. Falleció en 1978 en Cuba, lugar al que emigró por lo poco que le gustaba el clima de Rusia.

Atentado contra Juan Pablo II (1981)

Durante la primavera de 1981, el papa Juan Pablo II se encontraba en la cúspide de su popularidad e influencia. Llevaba desempeñando su cargo dos años y medio y se había creado la reputación en todo el mundo de ser un diplomático sumamente hábil y entregado. Y aunque era amado por los católicos de todo el planeta, donde más se le quería era en su propio hogar, en el Vaticano.

La tarde del 13 de mayo de 1981 el papa circulaba lentamente en su «papamóvil» entre una multitud de 10.000 fieles en la plaza de San Pedro, en Roma, de camino a su audiencia semanal, cuando un hombre armado se abrió paso y le disparó dos veces. Ambos proyectiles alcanzaron al papa en el abdomen. Fue llevado a toda prisa al hospital Gemelli en Roma, donde le extrajeron varias secciones de intestino a lo largo de una intervención quirúrgica de emergencia que duró cinco horas, se emitió un boletín afirmando que el Pontífice se recuperaría pronto.


El responsable fue Mehmet Ali Agca, de 23 años, miembro de un grupo nacionalista de derechas que se autodenominaba los Lobos Grises. Agca era un convicto turco fugitivo que había disparado al editor de un periódico de izquierdas en su país en febrero de 1979. En junio de 1979 Agca fue enviado a la prisión turca de máxima seguridad de Kartal Martepe, pero había logrado escapar de alguna forma cinco meses más tarde. A las pocas semanas, fue descubierto el cuerpo sin vida del hombre que había facilitado información sobre Agca. El hombre había sido torturado antes de ser asesinado. Entonces Agca había enviado cartas al mismo diario turco, el Milliyet, diciendo que se se proponía matar al papa. La policía italiana encontró que Agca portaba una nota que decía «Mato al papa como protesta en contra del imperialismo de la Unión Soviética y de los Estados Unidos, y en contra del genocidio en El Salvador y Afganistán».

El juicio de Agca se celebró dos meses después del intento de asesinato. Su abogado protestó diciendo que un tribunal italiano no tenia jurisdicción sobre un crimen cometido en el Vaticano, pero Agca, que se había declarado culpable, fue sentenciado a cadena perpetua. Los rumores empezaron a extenderse . Se dijo que el servicio secreto búlgaro había ofrecido pagar a Agca 1,25 millones de dólares por matar al papa, y que la KGB soviética y la Hermandad Masónica estaban implicadas.

El 27 de diciembre de 1983, el papa Juan Pablo II visitó en prisión al hombre que intentó asesinarlo dos años antes. El papa describió a Agca como «un hermano al que he perdonado y que goza de mi confianza».

En junio de 2000 Agca fue liberado de la prisión italiana por orden del presidente italiano Carlo Ciampi. Había cumplido una condena de 19 años. Luego pasó otros cinco años en cárceles turcas por el asesinato del director del periódico antes de que finalmente se le concediera la libertad condicional en enero de 2006. la condicional se le retiró poco después.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

El doctor Petiot: asesino de judíos

De niño, el doctor Petiot era obsceno, violento y cruel. Fue expulsado de varias escuelas. A los 18 años fue alistado en el ejército y enviado al frente occidental, donde fue gaseado y resultó herido; quedó tan traumatizado que se disparó en un pie para forzar su baja del ejército.

A partir de entonces, la vida de Petiot mejoró, aunque no puede decirse lo mismo de sus conocidos. Tras obtener el titulo de doctor, abrió consulta en una pequeña ciudad cercana a Auxerre. Se sabía que era cleptómano, y cuando fue elegido alcalde a nadie le sorprendió que empezase a desaparecer dinero de las arcas municipales. Tuvo una amante, que desapareció, y otra, cuyo cuerpo sin vida fue descubierto tras haber sido apaleada. Las autoridades no parecieron darle importancia. La documentación desapareció. La investigación fue abandonada. Se pasaron por alto las pruebas.


En enero de 1933, Petiot se trasladó a París y estableció una nueva consulta en el número 66 de Rue Caumartin; en ella se ganaba un sobresueldo ilegal practicando abortos y suministrando drogas. Tras la ocupación de París por los nazis en 1940, Petiot compró otra casa, en el número 21 de la Rue La Sueur, y allí abrió una consulta de otro tipo. Haciéndose pasar por miembro de la resistencia francesa atrajo a judíos y otros fugitivos a su casa con la promesa de que podía sacarles del país a cambio de dinero. Muchos respondieron a su oferta, pagaron y desaparecieron sin dejar rastro. En marzo de 1944, los vecinos se quejaron del pestilente humo que emanaba de su casa. La policía y los bomberos entraron en la vivienda y en el sótano encontraron un horno con cuerpos desmembrados. En el garaje las cabelleras y mandíbulas sobresalían de varios montones de cal viva.

Tras la guerra, Petiot fue arrestado y procesado. Fue condenado a muerte por el asesinato de 26 de las 27 personas cuyos restos habían sido hallados en el crematorio y cámara de gas del sótano de la Rue La Sueur, pero es posible que el número real de víctimas triplicase esa cifra.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Klaus Barbie: Criminal nazi al que Estados Unidos intentó proteger

Klaus Barbie se unió al partido nacionalsocialista en 1932, a la edad de 19 años. Tres años después pasó a formar parte de la Schutzstaffel, las famosas SS. Tras la claudicación de Francia, Barbie fue designado jefe de la Gestapo en Lyon, en el centro mismo de la Francia colaboracionista de Vichy. Primero trabajó desde el Hotel Terminus, pero al cabo de un año se trasladó al nuevo cuartel general de la École de Santé Militaire, en el que se instalaron cámaras de tortura. Comenzó entonces su carrera como el "carnicero de Lyon". No se sabe con certeza a cuanta gente envió a morir en campos de concentración nazis, pero si hay constancia de su responsabilidad en el brutal asesinato de 44 niños en una granja de Izieu, a pocos kilómetros al este de Lyon.

En junio de 1943, agentes de la Gestapo de Barbie capturaron a Robert Hardy, activista de la resistencia francesa. Hardy fue torturado, pero quedó en libertad con la intención de que condujese a la Gestapo a los tres fundadores del Conseil National de la Résistance: Jean Moulin, Pierre Brossolette y Charles Delestraint. Todos ellos fueron arrestados dos semanas después. Moulin y Brossolette murieron mientras eran torturados. Delestraint fue enviado a Dachau y ejecutado en 1945.


Cuando en septiembre de 1944 las tropas aliadas marchaban hacia Lyon, Barbie destruyó todos los registros de la Gestapo, ordenó el asesinato de cientos de civiles franceses que conocían sus brutales métodos de interrogación y escapó a Alemania. Cuando la guerra terminó, el cuerpo de contraespionaje (CIC) estadounidense contrato a Barbie. El CIC le proporcionó una identidad falsa y organizó su traslado a Bolivia. Otras personas, con mayor sentido de la justicia, se concentraron los 36 años siguientes en buscar a Barbie. En 1983 fue localizado, extraditado por el gobierno boliviano y enviado a Francia para ser juzgado.

En 1987 Barbie fue acusado de la deportación o ejecución de 842 personas, entre hombres, mujeres y niños, un pequeño porcentaje del total de sus víctimas. Fue hallado culpable de 341 cargos y condenado a cadena perpetua. Murió de leucemia en el hospital de la prisión de Lyon en 1991.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Harold Shipman: El Doctor Muerte

Muchos médicos han sido acusados justa o injustamente de intervenciones siniestras. Su profesión les pone a menudo en contacto con personas frágiles y vulnerables, y les proporciona medios más que suficientes para cometer asesinatos, si tal es su deseo. Y éste era el deseo recurrente de Harold Shipman, de Todmodern, West Yorkshire y Hyde, en el área metropolitana de Manchester (Inglaterra).

El informe publicado por una jueza del Tribunal Superior de Inglaterra en enero de 2005 cifraba en al menos 250 el número de pacientes fallecidos a manos de Shipman a lo largo de sus 27 años de profesión. Dame Jane Smith, la autora del informe, señalaba: "Creo que es muy posible que matase a pacientes a última hora de la tarde para evitar urgencias a medianoche. Opino que tal vez mató a pacientes cuya muerte era inminente pero que ocupaban camas muy necesarias para otros enfermos. Creo también que es muy probable que eliminase a pacientes que irritaban a los que consideraba indignos". La cuentas del propio Shipman superan en mucho las del informe. Durante su estancia en prisión confesó haber acabado con 508 vidas.

El doctor Shipman, de quien se cree que cometió su primer asesinato un año después de obtener el título de medicina, se ganaba la vida con la muerte. No cabe duda de que a los 33 años, cuando empezó a trabajar en Hyde, la costumbre se había transformado en hábito. En 1985 la policía investigó el posible asesinato de uno de sus pacientes, pero la cosa no pasó a mayores. Las muertes continuaron hasta junio de 1998, mes en el que Kathleen Grundy, de 81 años, falleció repentinamente. La hija de ésta acudió a la policía tras descubrir que su madre habia redactado un nuevo testamento en el que legaba a Shipman las 350.000 libras de su herencia. Shipman fue acusado del asesinato de Kathleen Grundy, y durante los tres meses siguientes se procedió a la exhumación delos cadaveres de nueve de sus pacientes. El 13 de enero de 2004 Shipman apareció ahorcado en su celda.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

El Vampiro de Dusseldorf

De niño, Peter Kürten sufrió espantosas palizas a manos de su padre, un degenerado que más tarde sería condenado por cometer incesto con la hermana de Peter, de sólo 13 años. En 1892, cuando apenas contaba nueve años, Peter se vio involucrado en un incidente en el que dos niños se ahogaron en el rio Rin: es muy posible que fuese responsable de una de las muertes. Desde muy joven tuvo problemas con la policía, y es casi seguro que en 1913 asesinó a una niña de 10 años en Colonia. Un año más tarde, al comienzo de la Primera Guerra Mundial Kürten desertó del ejercito imperial. Pasó el resto de la contienda en prisión, habitualmente en confinamiento solitario, donde se dice que se entregaba a orgiásticas fantasías de destrucción en las que se imaginaba provocando incendios y saboteando líneas de ferrocarril. Tras salir de la cárcel, Kürten se casó con una ex prostituta que también había pasado algunos años en prisión por matar a tiros al hombre que la había abandonado. La suya fue una pareja triste y peligrosa.

En 1925 se trasladaron a Dusseldorf; allí Kürten provocó varios incendios y violó a numerosas mujeres. El 9 de febrero de 1929 mató a una niña a puñaladas, el primero de una serie de salvajes agresiones que le valieron el sobrenombre de "Vampiro de Dusseldorf" en la prensa. Los ataques violentos continuaron hasta que el 14 de mayo de 1930 Kürten topó con Maria Buslick, una criada sin empleo. Tras llevarla a un bosque cercano, la violó y permitió que se marchara. Pese a que inicialmente María no deseaba denunciar el ataque, más tarde condujo a la policía al departamento de Kürten.

Fue declarado culpable de nueve asesinatos y condenado a muerte. Poco antes de ser guillotinado, Kürten preguntó al psiquiatra de la prisión si, una vez separada la cabeza del tronco, sería aún capaz de oir durante un par de segundos cómo se derramaba la sangre de su cuello. El psiquiatra le dijo que era posible, a lo que Kürten replico: "Eso sería in placer enorme."

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

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