Carta de Gandhi para Hitler


Justo cuando Hitler estaba a punto de hacer estallar la Segunda Guerra Mundial, Mahatma Gandhi intentó ponerse en contacto con él por medio de una carta para convencerlo de evitar dicho encuentro bélico, que tras llevarse a cabo, dejó más de 60 millones de bajas entre civiles y militares, de los cuales 26 millones eran soviéticos, llegando a ser la URSS quien tuvo más víctimas mortales durante este histórico enfrentamiento. Adolf Hitler nunca recibió la carta, aunque de haberlo hecho hubiera ignorado la petición de abandonar la guerra, así que un mes después los nazis invadieron Polonia. A continuación la carta en su texto original:

"Querido amigo:
Algunos amigos han estado pidiéndome que le escriba por el bien de la humanidad. Pero me he resistido a su petición por que me parecía que una carta mía sería una impertinencia. Algo me dice que no debo calcular y que debo hacer mi llamamiento por cualquier cosa que valga la pena.

Es muy claro que hoy en día es la única persona en el mundo que puede evitar una guerra que podría reducir la humanidad al estado salvaje. ¿Debe pagar ese precio por un objetivo, por más digno que pueda parecerle? ¿Escuchará el ruego de alguien que deliberadamente ha rechazado el método de la guerra, no sin considerable éxito? En cualquier caso espero su clemencia si me he equivocado al escribirle.
Su amigo sincero MK Gandhi"


Fuente consultada: verne.elpais.com

El poder de la simbología nazi


Desde antes de que el nazismo se estableciera como régimen gubernamental en Alemania, ya se hacía un gran esfuerzo por dotar al movimiento nacionalsocialista de parafernalia propia con la incorporación de símbolos e imágenes que, según quienes los promovieron, otorgaban fuerza y protección a quien los portaba. Uno de esos simbolos fue la esvástica o cruz gamada. De origen desconocido, en China se la consideraba la representación de la longevidad; en Japón, de la fortuna y el poder; en India se asociaba a la luz, y para los antiguos germanos simbolizaba al dios del trueno. Hitler se la apropió para convertirla en "el signo de la lucha por la victoria del hombre ario", según dice su libro Mein Kampf. "Después de innumerables ensayos hallé, por fin, la fórmula definitiva: una bandera de fondo rojo, atravesada por una banda blanca que en el medio luciera una cruz gamada negra", escribió relatando el origen de la bandera nazi.

Junto a ella, el otro símbolo más conocido del nazismo fue el de las dos runas (caracteres de la antigua escritura escandinava) que identificaban a los miembros de las temibles SS (Schutzstaffel que significa escuadrones de protección). Concretamente, se trataba de la runa Sieg, asociada a la victoria. Los oficiales de este órgano estaban obligados a estudiar y conocer a la perfección el origen de dicho signo. El uniforme de las SS comprendía otro elemento de poder, el llamado "anillo del honor", cuyo componente más visible era una calavera incrustada, acompañada de la runa Heil y la firma de Himmler tallada en el anverso. Sólo podían poseerlo quienes hubieran demostrado méritos excepcionales, y su dueño debía llevarlo siempre, incluso en la muerte.

Los protocolos de los sabios de Sión y el antijudaísmo


El hecho de que Hitler sintiera odio hacia los judíos no era algo particular de su persona, el antijudaísmo ya era un tema popular desde principios del siglo XX, propagado principalmente en 1903, con la publicación en la Rusia zarista de Los protocolos de los sabios de sión, documento que hablaba sobre una reunión mantenida por dirigentes judíos para llevar a cabo un plan de dominación mundial y sometimiento de los gentiles (como ellos llaman a los no judíos). Aunque se dice que la autoría corresponde a los servicios secretos del zar para crear un estado de opinión antijudío, para otros dicha obra es de un autor desconocido que decidió permanecer en el anonimato. Sin embargo, para muchos lo que ahí se exhibe es real, incluso hay quienes aseguran que podemos verlo con claridad en la actualidad, tomando en cuenta que son judíos quienes controlan medios, bancos, multinacionales, sectores políticos y gran parte de la industria del entretenimiento.

Dicho texto ha tenido un sorprendente éxito internacional, convirtiéndose en la obra antijudía más famosa del mundo, incluso Winston Churchill llegó a creer en su autenticidad. La difusión de este documento en Estados Unidos fue financiada por Henry Ford (fundador de la compañía de automóviles Ford), mientras que en Alemania Hitler lo utilizó como base para escribir su libro Mein Kampf, en el que además agrega teorías propias y puntos de vista sobre las acciones y objetivos del judaísmo; en concreto utilizó frecuentemente el término "judeo-bolchevismo", con el que pretendía desprestigiar el movimiento comunista soviético (los bolcheviques), que ya había triunfado en Rusia y era muy popular entre las organizaciones obreras de toda Europa. Según decía Hitler, el establecimiento del comunismo en Rusia había sido planeado y maquinado por judíos para servir a sus intereses. Para ello se basaba en el origen judío del teórico del comunismo Karl Marx, y de dirigentes de la revolución soviética como León Trotsky y Grigori Zinoviev.

Bruno Lüdke ¿Un asesino serial en la Alemania nazi?


Bruno Lüdke (1908-1944) vivía en Köpenick, un pueblo cerca de Berlín, en la entonces Alemania nazi. Siendo sólo un niño recibió un golpe en la cabeza que le ocasionó un severo traumatismo provocándole serias limitaciones a sus facultades mentales, por lo que tuvo que estudiar en una escuela de niños con problemas de aprendizaje; sin embargo, en 1922 el adolescente deja los estudios para ayudar en el negocio familiar, una lavandería, de la que queda como encargado al morir su padre en 1937. La lavandería contaba con un caballo para transportar la ropa y los vecinos llegaron a quejarse con la policía de que Bruno infligía crueles agresiones al animal; fue sometido a estudios médicos que le permitieron seguir trabajando a pesar de su incapacidad mental.

En enero de 1943 unos niños encontraron un cadáver, se trataba de Frieda Rössener, una viuda de 59 años que había sido violada, estrangulada y le habían robado sus pertenencias. Testigos afirmaron que el único sospechoso era un joven con retraso mental que frecuentemente merodeaba por el lugar con vestimenta de obrero. Tras llevarse a cabo investigaciones en la zona la policía dio con el paradero de Bruno, encontrando en su domicilio prendas de vestir manchadas de sangre, a lo que el joven dijo que era sangre de gallina, y así era, pero parte de la misma sangre había sido encontrada junto a un montón de plumas esparcidas en la escena del crimen. Fue detenido en marzo de 1943 y después de ser interrogado se le responsabilizó de haber violado y estrangulado a 51 mujeres en un periodo de tiempo entre 1928 y 1943. Incluso Heinrich Himmler, Comandante en Jefe de las SS, se mostró sorprendido al pensar en que alguien se había atrevido a comportarse de tal manera en pleno régimen nazi, sabiendo lo que le esperaba después de ello.

Había algo raro en los crímenes que se le imputaron a Bruno Lüdke, pues a pesar de que él mismo se había declarado culpable, no recordaba donde había cometido dichos asesinatos ni como los había realizado, además de que la distancia de las ciudades donde se habían cometido era mucha. Esto llevo a sospechar de que Heinz Franz, quien lo había interrogado, lo orilló a culparse de dichos asesinatos con el fin de cerrar investigaciones pendientes. Al final Bruno no pudo ser enjuiciado ya que una ley definía a los incapacitados mentales como no responsables de sus actos, así que fue enviado a instituciones mentales para realizar experimentos en él y estudiar sus reacciones, hasta que en abril de 1944 las autoridades nazis lo castraron y ejecutaron por medio de inyección letal en una prisión de Viena. Su certificado de defunción exponía como causa de muerte "degeneración del músculo cardíaco, agrandamiento del ventrículo derecho, la parálisis del corazón".

Lea Deutsch: de los escenarios a Auschwitz


Lea se sentaba en una banca frente al teatro con un abrigo que llevaba una estrella de David en la manga. Pasaba horas mirando el edificio donde una vez fue una estrella. Ahora, desde que la ocupación nazi ni siquiera podía entrar. Siendo sólo una niña, ya era considerada enemiga del Estado por su origen judío.

Lea Deutsch nació en el seno de una familia judía en Zagreb, Croacia. A los cinco años ya tenía el talento necesario para actuar en obras de Moliére y Shakespeare en el Teatro Nacional de Croacia, lo que le abrió las puertas para convertirse en una estrella dentro y fuera del país. Hasta 1941, año en que es obligada a bajar de los escenarios por las nuevas leyes raciales impuestas por el régimen nazi. Al iniciar las deportaciones, su padre intentó salvar a la familia convirtiéndola al catolicismo e incluso los compañeros del teatro de Lea intentaron ayudarles a huir sin conseguirlo.

En 1943, cuando Lea tenía 16 años, la familia Deutsch fue deportada a Auschwitz. De las 75 personas que viajaban hacinadas y en condiciones infrahumanas en el vagón construido para transportar ganado que les llevaría al campo de concentración 25 no llegaron. Lea fue una de ellas. Su madre y su hermano serían asesinados en el campo poco después. Su padre fue el único que sobrevivió a aquel infierno, muriendo en 1959.

Fuente consultada: elconfidencial.com

Josef Mengele: El Angel de la Muerte


Josef Mengele (1911-1979) fue un médico, antropólogo y oficial de las SS que llevo a cabo infinidad de experimentos sobre humanos en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. El desempeño de Mengele estaba enfocado en supervisar a los médicos que realizaban diversos experimentos, algunos de ellos consistentes en inyectar compuestos líquidos a los ojos de niños buscando cambiar el color del iris o torturar casi hasta la muerte a una criatura para estudiar si su dolor se transmitía a su hermano gemelo. En 1943, en un apartado de gitanos dentro del campo de concentración, se propagó una enfermedad bacteriológica que gangrenaba la boca y la cara, así que Mengele inició un estudio de los contagiados para desarrollar un tratamiento, lo que constó la vida de varios enfermos, pues fueron decapitados para enviar sus cabezas a la Academia Médica de las SS establecida en Graz, Austria. De igual manera se repitieron brotes de diversas enfermedades para experimentar tratando de desarrollar otros medicamentos.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial Mengele logró escapar y se asentó en varios países de Latinoamérica. Mientras Alemania Occidental ofrecía una jugosa recompensa por su captura, Mengele encontró cierta estabilidad en Brasil, donde vivió en varias propiedades que compró junto a otros miembros del partido nazi. En 1976 sufrió un infarto cerebral, lo que le provocó fuertes problemas de salud, hasta que el 7 de febrero de 1979, mientras nadaba en el mar de la localidad costera de Bertioga, sufrió otro infarto cerebral y murió ahogado. Fue enterrado en São Paulo, Brasil, con el nombre de Wolfgang Gerhard, una falsa identidad que utilizaba desde 1975. Los restos fueron exhumados el 6 de junio de 1985 para analizarlos y confirmar que se trataba de Josef Mengele. En 1992 un examen genético confirmó que sí eran sus restos pero la familia se negó a repatriarlos a Alemania, por lo que éstos permanecen almacenados en el Instituto de Medicina Forense de São Paulo.

Nazis: arte saqueado en la Segunda Guerra Mundial


Una de las aficiones predilectas de Hermann Göring (1893-1946), comandante en jefe de la Gestapo (Policía Secreta del Estado en la Alemania nazi), era presumir ante sus invitados su excepcional colección de obras de arte, muchas de ellas robadas de los territorios ocupados. El arte era un elemento de ostentación muy valorado por los jerarcas del III Reich, pero Göring y Hitler lo llevaban al extremo. El primero, que a su muerte acumulaba más de 5,000 obras, aspiraba a poseer la mejor colección privada del mundo. Por su parte, Hitler soñaba con construir un museo de arte europeo en la ciudad austriaca de Linz, que se nutriría de piezas robadas. El régimen nazi organizó brigadas de auténticos cazadores de arte que peinaban Europa (y muy especialmente Francia y las colecciones de familias de origen judío) en busca de nuevos trofeos para sus líderes.

Miles de esas obras siguen, aún en la actualidad, en paradero desconocido, ocultas en museos, galerías o casas de subastas sin ser reclamadas por sus legítimos propietarios. El delirio de coleccionistas siguió encendido hasta el final. Con Berlín sitiada por los aliados, aún llegaban trenes a la capital con arte usurpado para satisfacer los caprichos de Göring y compañía.


¿Por que se llamó III Reich a la Alemania nazi?


En el proceso nacionalista y de recuperación del orgullo perdido por los alemanes, los líderes nacionalsocialistas eligieron la denominación Reich (imperio) como continuidad histórica, pues así se había denominado el sagrado Imperio Romano Germánico desde su fundación en el año 962 hasta su desaparición en 1806. Tras este I Reich vino el segundo, después de la guerra franco-prusiana y la unificación germana, que duraría, que duraría hasta la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial en 1918. Así, entre 1933 y 1945 la Alemania del Fürer continuó con esa tradición y se proclamó como el III Reich.

Testigos de Jehová en la Alemania nazi

La gran mayoría de los alemanes que no simpatizaban con el nazismo se las arreglaron para existir bajo un régimen al que despreciaban. [...] Al otro extremo del espectro estadístico e ideológico estaban los 20.000 testigos de Jehová que, casi en su totalidad, inequívocamente negaron toda obediencia al Estado nazi. [...] La religión sostenía al grupo más unido que resistía. Desde el principio los testigos de Jehová se negaron a cooperar con todo rasgo del nazismo. Aún después de que la Gestapo destruyera su oficina central nacional en 1933 y prohibiera a la secta en 1935, pues se rehusaban incluso a decir "Heil Hitler". Alrededor de la mitad (en su mayoría hombres) del total de testigos de Jehová fueron enviados a campos de concentración, donde aproximadamente mil fueron ejecutados, y otro millar murió entre 1933 y 1945 en diversas circunstancias. [...] Los católicos y los protestantes oyeron a su clero instarlos a cooperar con Hitler. Si resistían, estaban desobedeciendo a la Iglesia y al Estado.

- Lo anterior es un fragmento extraído del libro Mothers in the Fatherland (Madres en la patria) de la historiadora Claudia Koonz.



Los testigos de Jehová que eran enviados a campos de concentración eran obligados a utilizar un triangulo morado en sus ropas. Ellos se convirtieron en un punto de mira para los nazis por definirse como apolíticos, no prestar el servicio militar y negarse a utilizar el saludo fascista. A diferencia de los judíos y gitanos, los testigos de Jehová tuvieron la posibilidad de ser liberados si renunciaban a sus creencias y a su organización firmando un documento donde además se comprometían a ofrecer lealtad al régimen nazi, pero muy pocos accedieron.

¿Hitler fue utilizado por el sionismo?


Existe una teoría la cual expone que Adolf Hitler fue una simple marioneta en manos del sionismo. Fue apoyado, primero, tanto en lo político como en lo financiero en su escalada hacía el poder, y aconsejado después, precisamente para actuar como lo hizo y desencadenar la Segunda Guerra Mundial tal como fue planteada en la correspondencia entre dos miembros Illuminati, Albert Pike y Guiseppe Mazzini, correspondencia fechada en 1871 y en cuyo contenido se leía lo siguiente:

...La Segunda Guerra Mundial deberá fomentarse aprovechando las discrepancias entre los fascistas y sionistas políticos. La lucha deberá iniciarse para destruir el nazismo e incrementar el sionismo político, con tal de permitir el establecimiento del Estado soberano de Israel en Palestina. Durante la Segunda Guerra Mundial se deberá edificar una Internacional Comunista lo suficientemente robusta como para equipararse a todo el conjunto cristiano. En este punto se le deberá contener y mantener, para el día en que se le necesite para el cataclismo social final...

Desde este punto de vista, la persecución contra los judíos estaba también prediseñada a fin de utilizarla posteriormente para la creación del anhelado Estado de Israel. En un momento Hitler intentó independizarse de sus financiadores y seguir su propio camino, a modo de protección desde un principio blindó con su propia organización secreta y armada, las SS dirigidas por Heinrich Himmler. Después los Illuminati le dejaron caer como hicieron con Napoleón (cuya campaña en Rusia tenía bastantes similitudes con la del propio Hitler) apoyando a la coalición internacional que le derrotó, los aliados, además optaron por satanizar su imagen pública por los siglos de los siglos.

Fuentes:
Libro - Illuminati (Paul H. Koch)
Libro - Más Allá de Ángeles y Demonios (René Chandelle)

Teoría sobre el origen judío de Hitler


Existe una teoría muy interesante sobre el posible origen judío de Adolf Hitler. Según esta, el servicio secreto alemán se apoderó de una documentación elaborada por el antiguo canciller austríaco Engelbert Dollfuss, la cual explica que, en 1836, Salomón Mayer, Rothschild, entonces residente en Viena, tomó a su servicio a una joven doncella de provincias llamada María Anna Schicklgruber. El banquero, de origen judío, sedujo a la muchacha, quien por las mañanas le hacía la cama y por las noches se la deshacía. En cuestión de tiempo María Anna quedó embarazada y al descubrirse su estado fue devuelta a Spital, su localidad natal, donde se arregló un matrimonio de conveniencia con Johan Georg Hiedler. En 1837 nació el pequeño Alois (padre de Hitler), que jamás fue reconocido por Hiedler. Así que durante 40 años llevó el apellido de su madre hasta que decidió cambiárselo por el de Hiedler, pero escribiéndolo Hitler.

Alois Hitler tuvo varios hijos, entre ellos Adolf. Nunca han aparecido los documentos que confirmen los hechos, pero se dice que cuando el Führer tuvo conocimiento de que existían dichas pruebas ordenó una investigación profunda sobre su linaje paterno para comprobarlo y, en caso de ser cierto, eliminar todas las pistas.

Información extraída del libro: Illuminati (Paul H. Koch)

Nesta Webster: falsas teorías conspiratorias

El éxito de la Revolución rusa en 1917, en la que los bolcheviques se apoderaron del estado más autocrático de Europa, creó una oleada de temor a las conspiraciones y las sociedades secretas. A quien primero se culpó fue a los masones, a pesar de que los comunistas habían erradicado la francmasonería en Rusia de forma implacable. La mujer que hizo más que nadie para avivar estos temores fue la fascista británica Nesta Webster (1876-1960).


Después de un episodio psicótico, Webster había llegado a creer que era la reencarnación de una aristócrata francesa, y escribió una serie de libros que vinculaban la Revolución francesa a la «masonería iluminizada» (infiltrada por los Illuminati). El libro que escribió en 1924, titulado 'Sociedades Secretas y Movimientos Subversivos', estableció la «teoría del complot histórico», asegurando que en el transcurso de la historia una conspiración judío-satánico-comunista había intentado destruir el cristianismo y derrocar la civilización.

A pesar de que esta mujer recicló las mismas mentiras y distorsiones de otros escritores del pasado y a añadió muchas otras producto de su imaginación, el libro resultó sumamente influyente. Su teoría fue adoptada por los nazis, quienes persiguieron a los francmasones, a los judíos, a los comunistas y otras minorías durante el holocausto. Posteriormente sucedió lo propio con la extrema izquierda y extrema derecha.

A pesar del tiempo transcurrido, actualmente hay quienes aún se mantienen crédulos a las teorías de Nesta Webster.

Información extraída del libro: La Biblia de las sociedades secretas (Joel Levy)

Los últimos días de Hitler (1945)


El 20 de abril de 1945 Hitler cumplía 56 años, la guerra estaba por perderse y no había más que hacer. Hitler salió del búnker para reunirse con las Juventudes Hitlerianas, no quería que todo acabara sin antes condecorarlos. Por la tarde, los últimos jerarcas nazis acudieron a los destrozados salones de la Cancillería para intercambiar con él algunas palabras. Estaban rodeados de montañas de escombros producto de los constantes bombardeos. Después de ese momento, algunos, como Goering, huyeron de la ciudad para establecerse en un lugar menos peligroso; otros, como Himmler, buscaron negociar garantías personales a cambio de la libertad de algunos judíos.

Hitler no escapó, decidió plantear allí, en Berlín, su última resistencia, así que regresó al Búnker acompañado por ayudantes y colaboradores que, viéndose obligados o por voluntad propia, decidieron permanecer hasta el último momento. Entre ellos y Eva Braun organizaron una velada de cumpleaños para el Führer. Sobre una gran mesa había canapés, fiambres y champán, pero el ambiente tenía un particular toque depresivo y los presentes comían y bebían sin entusiasmo. Eva trató de alegrarlo con música, empezó a sonar un gramófono con el único disco que encontraron, Las rosas rojas te hablan de amor, según lo narrado por Trauld Jungue, secretaria de Hitler, que bailó con Speer, Ribbentrop y Eva, antes de retirarse con una notable tristeza en el rostro.


Al amanecer, el sábado 21 de abril, la artillería soviética comenzó a disparar sobre Berlín, causando muchas víctimas entre los civiles que hacían cola para conseguir agua o alimentos. El mayordomo Linge despertó a Hitler: "¡Mein Fürer, Nos atacan los rusos!". Hitler sorprendido salió de su habitación con ropa de cama, entró a la sala de mapas y comprobó que los soviéticos estaban a sólo 19 kilómetros del lugar y avanzaban hacia el centro. En el Bunker ya olía a muerte. Los sovieticos consiguieron hondear la bandera comunista sobre las ruinas del Reichstag.


Transcurrieron ocho días. La madrugada del domingo 29 de abril, Hitler y Eva Braun se casaron. Hitler ya estaba convencido de que el final había llegado. En la celebración posterior, entre un circulo muy reducido de invitados, apenas se había tomado unas copas cuando empezó a dictar sus testamentos personal y político, dejando al almirante Carl Dönitz la responsabilidad del gobierno, que sería la de la capitulación. En las horas siguientes, Hitler adoptó las disposiciones para su suicidio y solicitó la cremación de su cadáver y el de Eva Braun, quien estaba decidida a irse con él. Esa noche se enteró de la muerte de Mussolini y de las vejaciones a las que fue expuesto su cadaver, colgado cabeza abajo junto al de su amante, Clara Petacci, y otros colaboradores en una gasolinera de Milán.

El lunes 30 de abril de 1945, en el transcurso de las 15:00 horas, el Führer y su esposa se suicidaron. El injirió una cápsula de cianuro y después se pegó un tiro; ella se limitó al cianuro. Sus colaboradores envolvieron los cadáveres en mantas y los sacaron del búnker. Rociaron los cuerpos con gasolina y les prendieron fuego.

Mauthausen: españoles en un campo de concentración


El 13 de marzo de 1938, un día después de haber pronunciado Hitler un discurso en Linz, donde anunciaba la incorporación de Austria a Alemania, emprendió un viaje rumbo a Viena. En el recorrido se cruzó con Mauthausen, un tranquilo pueblo, cuyos habitantes dieron muestras de apoyo a su paso, saludándolo fervientemente y gritándole elogios hasta más no poder. Dos meses después, algunos lideres de las SS, entre ellos Heinrich Himmler, jefe de seguridad del Reich, volvieron a este lugar. Mauthausen les pareció un lugar adecuado para crear un nuevo campo de concentración, tras la necesidad de desahogar los ya construidos que se encontraban llenos de comunistas, socialistas, judíos y demás "enemigos del pueblo alemán".

Reinhard Heydrich, jefe de los Servicios de Seguridad de las SS y lugarteniente de Himmler, clasificó los campos de concentración en tres categorías: Grado I, para delitos graves; grado II, para delitos muy graves aunque reeducables; y grado III, para irrecuperables, a este último modelo pertenecía Mauthausen. Durante la Segunda Guerra Mundial se abrieron seis de grado IV, los llamados campos de exterminio. En la entrada de todos se podía leer en una placa la leyenda: "Arbeit macht frei", que en español significa "El trabajo los hace libres".


En Mauthausen, como en los otros campos grado III, se hacía trabajar a los presos hasta caer exhaustos, cuando ya se consideraban inútiles eran enviados a los hornos crematorios. Aproximadamente 8.700 españoles fueron a parar a Mauthausen. Fueron capturados en Francia durante la lucha antifascista, trasladados desde los campos de concentración franceses y algunos detenidos por la Gestapo aun teniendo su documentación en regla. Los maquis, guerrilleros españoles que se unieron a la Resistencia Francesa para combatir a los alemanes, eran ejecutados de inmediato. Los nazis tenían un especial trato hacia los españoles, se les consideraba peligrosos, pues casi siempre estaban armados, tenían ideología socialista, comunista o anarquista, así que eran enemigos declarados del nazismo.

Los primeros españoles en Mauthausen fueron 392 soldados, con uniforme francés, que habían combatido en la Línea Maginot, formada al terminar la Primera Guerra mundial para proteger la frontera de Francia y evitar el ingreso de los alemanes. En cuanto llegaron, les quitaron sus pertenencias, los raparon, desinfectaron y metieron a duchas de agua fría -que siendo invierno les provocaba catarro o hasta pulmonías-, se les daba órdenes que apenas entendían, gritos, patadas y puñetazos. Se les proporcionó un uniforme marcado con un triangulo azul. Dormían en habitaciones equipadas con cincuenta literas, pero después no fue suficiente: Mauthausen fue previsto para 3.000 presos y llegó a reunir 70.000, durmiendo tres o cuatro personas en cada colchón, aumentando las literas hasta cuatro plantas.


Por Mauthausen pasaron unas 206.000 personas de las que murieron 122.767 y sobrevivieron 82.473, sin contar los rusos y judíos que fueron asesinados en el exterior del campo. Cuando los norteamericanos liberaron Mauthausen, el 5 y 6 de mayo de 1945, hallaron más de 10.000 cadáveres sin sepultar. Aunque allí habían presos de distintas nacionalidades, cuatro de cada cinco eran españoles, siendo la nacionalidad más castigada en ese campo de concentración.

Información consultada en la revista: La ventura de la Historia (No. 140)

Cuando los nazis llegaron a México

Cuando el presidente mexicano Lazaro Cardenas decretó la nacionalización de la industria petrolera, el 18 de marzo de 1938, Reino Unido y Estados Unidos boicotearon a México prohibiendo a sus países aliados comprar crudo a la nueva empresa creada por Cardenas: Petromex, hoy llamada petróleos mexicanos. Sin embargo, esto no afecto a la economía en México, pues Hitler y Mussolini compraban grandes cantidades de crudo haciendo rentable la extracción.

Siendo Estados Unidos uno de los principales enemigos del nazismo durante la segunda guerra mundial, a Hitler le pareció necesario conocer los movimientos y capacidades de ese país, por lo que eligió a México para establecer un centro de espionaje. La  Abwehr (inteligencia militar alemana) envió a finales de 1939 a los primeros hombres que investigarían la capacidad industrial de Estados Unidos. Se seleccionó como jefe de misión a George Nicolaus, quien hablaba perfectamente español e ingles y como segundo al mando a Friedrich von Schelebrugge. Una parte de la misión, tan necesaria para Hitler, consistía en vigilar movimientos militares a través del Golfo de México y el Canal de Panamá. George fue capacitado por el ejército alemán durante tres meses en los que aprendió desde comunicación a larga distancia usando materiales comunes hasta elaboración de potentes bombas con materiales simples adquiridos en farmacias.


Nicolaus llegó a México el 30 de marzo de 1940. Los nazis pretendían introducirse poco a poco en el nuevo gabinete del presidente Ávila Camacho. El grupo de espionaje había crecido considerablemente, pues cada vez nuevos elementos se unían a la estructura; sin embargo, fue una mujer quien mostró más resultados en las tácticas de espionaje para los alemanes: Hilda Krüger, una actriz quien en menos de dos meses se había ganado el corazón de algunos funcionarios del gobierno de México. Ella llegó a involucrarse con Miguel Alemán Valdés, quien fungía como secretario de Gobernación; Ramón Beteta, secretario de Hacienda; Ezequiel Padilla, entonces Canciller y el general Juan Andreu Almazán. Hilda ayudó a introducir en México a unos 150 espías alemanes, consiguiendo visas y apoyo del gobierno mexicano.

El gran sistema de espionaje alemán era apoyado y protegido por el Secretario de Gobernación y con esto, el grupo pudo enviar en 1941 a Alemania toneladas de materia prima para explosivos, detalles sobre el ejército estadounidense y sobre la fabricación de armas de guerra. Sin embargo, autoridades estadounidenses se percataron de los grupos de espionaje y Estados Unidos comenzó a presionar a México obligándole a capturar a los agentes en 1942, entre ellos Hilda Krüger. La detenciones provocaron que el 13 de mayo del mismo año, el buque petrolero mexicano «Potrero de Llano», que navegaba en el Golfo de México fuera hundido por un submarino alemán cobrando la vida de 14 marineros mexicanos y derramando al mar 37.358 barriles de crudo. El gobierno mexicano protestó enérgicamente ante el gobierno alemán, y Alemania respondió con otro ataque hundiendo el buque petrolero «Faja de Oro», en donde murieron siete marineros mexicanos. México envió una nota de protesta a los países del Eje, pero Alemania se negó a recibirla, Italia y Japón no contestaron.

El 22 de mayo de 1942 el presidente Ávila Camacho declaró la guerra a todas las naciones del Eje y comenzó a confinar a los alemanes, italianos y japoneses con la finalidad de vigilar sus actividades cotidianas. Para confirmar la relación diplomática entre México y Estados Unidos, Manuel Ávila Camacho y Franklin Roosevelt acordaron reunirse en Monterrey en abril de 1943 donde discutieron estrategias de defensa en sus fronteras para la seguridad de sus naciones, planes que fueron conocidos por los espías alemanes, ya que el traductor de esta reunión fue Robert Trauwitz, un agente nazi.


Estados Unidos respaldó al gobierno mexicano argumentando que lo sucedido era considerado una invasión de alemanes en territorio nacional, así fue que inició una campaña xenofóbica hacia los alemanes y se firmó en México la Campaña Panamericana de Chapultepec, en donde se acordaba prohibir el ingreso de alemanes a países latinoamericanos. Los alemanes residentes en México huyeron a Argentina con protección discreta del entonces presidente Juan Domingo Perón.

Articulo original de Susana Madrigal
Extraído de la pagina enlacemexico.info

El Partido Acción Nacional y el nazismo en México

El Partido Acción Nacional (PAN) representa el lado conservador de la política mexicana. Ha gobernado el país durante dos sexenios: del año 2000 al 2006 con Vicente Fox, y del 2006 al 2012 con Felipe Calderón en la silla presidencial. Sin embargo a algunos de los miembros del partido se les ha visto relacionados con organizaciones de corte fascista, como la Organización Nacional del Yunque, una sociedad secreta ultraconservadora, anticomunista y antimasónica; a ésta organización se le han atribuido ataques propagandísticos contra los partidos de izquierda, utilizando para ello los medios de comunicación y las manifestaciones públicas, además del reclutamiento de jóvenes para formarlos ideológicamente y utilizarlos como grupos de choque cuando es necesario.


Desde la fundación del PAN en 1939 con la participación de cristeros, la Unión Nacional Sinarquista, unida con la Iglesia Católica y la Falange Española, lograron incrustar en el partido una serie de principios ideológicos fascistas cercanos al nacionalsocialismo. En 1941 la marina desclasifico documentos que ofrecen detalles sobre la relación del PAN con los nazis, sinarquistas y altos miembros de la jerarquía católica. Aparte de la Organización Nacional del Yunque, la ultraderecha ha creado otro tipo de agrupaciones clandestinas, como la llamada «México Despierta», fundada por Juan Iván peña Neder, coordinador de asesores de Abraham Gonzáles (subsecretario de gobernación durante el gobierno de Calderón), contando con el apoyo de otros funcionarios públicos y un centenar de seguidores en el Distrito Federal y Guadalajara.

Existe una agrupación denominada Los Tecos, de corte neonazi y fundada por Carlos Cuesta Gallardo, que opera desde la Universidad Autónoma de Guadalajara. Se les ha llegado a vincular con el Ku Klux Klan y se dice que entre sus filas hay destacados panistas como Francisco Ramírez Acuña, exgobernador de Jalisco, y exsecretario de gobernación durante el gobierno de Felipe Calderón. La historia e ideología fascista de Los Tecos han trascendido más allá de las fronteras de Jalisco. En Baja California, por ejemplo, han ido formando parte de la estructura del PAN.

La influencia nazi llegó en un grado particular a la ciudad de Monterrey, Nuevo León, donde casas antiguas aun muestran esvásticas en sus pisos y paredes como parte de la decoración, un ejemplo es el Instituto Estatal de las Mujeres. A pesar del rechazo social a la vertiente ultraderechista, los grupos ultraconservadores están viviendo una reactivación: “hay un resurgimiento de este tipo de grupos neonazis, y en México hay un crecimiento de los mismos, incluso el Ku Klux Klan lo está financiando”, dice Juan Alberto Cedillo, autor del libro Los nazis en México. 


Últimamente en la ciudad de Monterrey se ha estado difundiendo propaganda neonazi firmada por la «Hermandad Algiz», un grupo neonazi que opera en San Nicolás de los Garza y otros municipios del área metropolitana, promoviendo el nacionalsocialismo,el rechazo a la homosexualidad y el anticomunismo bajo la apariencia de defender valores universales: “Nos regimos por el honor, orgullo y lealtad. Sólo hay tres cosas que cada n.s. y ciudadano deben saber: amar a tu país, valorar tu trabajo y valorar y amar a tu familia. Queremos un México sano y puro para las próximas generaciones. Es tiempo de despertar, nuestro país nos necesita”, dice uno de los tantos volantes ilustrado con símbolos nazis.

Fuentes:
voltairenet.org
http://nuevoleon.contralinea.com.mx

Los juicios de Núremberg (1945-1949)

Entre 1945 y 1949, la ciudad alemana de Núremberg fue escenario de juicios de guerra, una serie sin precedentes de procesos legales para determinar la culpabilidad o inocencia de varios dirigentes nazis a propósito de diversos cargos. Nunca antes se había pedido cuentas a los vencidos tras el final de la contienda, y la elección de Núremberg fue deliberada, ya que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial identificaban la ciudad con el triunfalismo nazi.


En Núremberg se juzgaron cuatro grandes crímenes: la participación de un proyecto común o complot para cometer crímenes contra la paz; la planificación, el inicio y el libramiento de guerras de agresión; crímenes de guerra, y crímenes contra la humanidad. De un número aproximado de 20 acusados principales, 12 fueron condenados a muerte pero, a decir verdad, sólo 10 fueron ejecutados. Martin Bormann fue condenado a muerte en su ausencia, y sus restos aparecieron por casualidad en Berlín en 1972: se supuso que había sido abatido por francotiradores rusos el 1 de mayo de 1945. Hermann Göring se suicidó con veneno la noche antes de ser ejecutado. Entre los ejecutados se contaban tres gobernadores de los territorios ocupados por los nazis durante la guerra (Hans Frank, Alfred Rosenberg y Arthur Seyss-Inquart); dos ministros del gobierno nazi (Wilhelm Frick y Joachim von Ribbentrop), y dos comandantes en jefe de la Wehrmacht (Alfred Jodl y Wilhelm Keitel). Jodl fue exonerado a título póstumo por un tribunal alemán que lo declaró ajeno a la ideología nazi en 1953.

El deseo de Churchill era que a los acusados se les negase el juicio y fuesen ejecutados de plano, pero Estados Unidos se opuso a tan fragante ilegalidad. Josef Stalin, entonces líder de la Unión Soviética, abogó por la ejecución en masa de entre 50.000 y 100.000 oficiales de Estado Mayor alemán, pero ni Churchill no Roosevelt se mostraron dispuestos a ello. Entre las propuestas estadounidenses se contaba el Plan Morgenthau para liberar a Alemania de la influencia e ideología nazi. El plan fue rechazado por Stalin. Finalmente, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética llevaron a cabo los juicios.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Conspiración y atentado contra Adolf Hitler (1944)

Para el verano de 1944 ya había quedado claro para muchos de los oficiales de alto rango de la Wehrmacht (Fuerza de Defensa) que Alemania estaba en manos de un despiadado. Las derrotas aplastantes en los frentes oriental y occidental parecían no hacer mella en Hitler, cuyo desquiciado optimismo se basaba cada vez más en estrategias impracticables y ejércitos fantasma. Mientras el Fürer rabiaba y despedía a sus generales, la oposición crecía entre el alto mando del ejército alemán. Bajo las órdenes del general Ludwig Beck y el mariscal de campo Erwin von Witzleben, se urdió un complot para asesinar a Hitler.


Durante la mañana del 20 de julio de 1944, el coronel Claus von Stauffenberg entró en la «guarida del lobo», nombre que recibía el cuartel general de Hitler en Rastenburg, en el frente oriental prusiano. El Fürer daría una conferencia allí con otros miembros veteranos del Estado Mayor. Stauffenberg, un héroe de guerra y aristócrata que desarrolló gran odio contra Hitler, llevaba una pequeña maleta que contenía una única bomba, uno de los muchos artefactos de manufactura inglesa requisados por el Abwehr, el servicio de inteligencia alemán. Colocó el maletín bajo la mesa en la que Hitler iba a sentarse, activo el temporizador y se marchó del edificio a toda prisa, dirigiéndose a Berlín, donde los conspiradores pretendían tomar el poder mediante un golpe militar.

La bomba estalló. Otros murieron, pero Hitler sólo sufrió heridas leves. Al día siguiente retransmitió un discurso a los alemanes, señalando que el haberse salvado era prueba de que iba a completar sus objetivos «bajo la protección de un poder divino». Los responsables de la explosión no gozaron de dicha protección. Claus von Stauffenberg fue capturado y se le dio muerte disparándola en el acto. Los demás conspiradores tuvieron la sensatez de aceptar la oferta de quitarse la vida ellos mismos como castigo. Aquéllos menos afortunados fueron colgados de ganchos de carnicero con cuerdas de piano y sus ejecuciones fueron filmadas para disfrute de Hitler y de otros miembros veteranos del Partido Nazi, y también como advertencia para otros oficiales del ejército.

Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)

Hitler no se suicidó, logró escapar

Las versiones oficiales de los aliados, los reportes de testigos presenciales, como Traudl Junge, su secretaria particular, y los ensayos bibliográficos más respetados (los de Hugh Trevor Romper y Joachim Fest) aseguran que el 30 de abril de 1945 Hitler se suicidó en su búnker en la Cancillería de Berlín, ciudad ocupada por las fuerzas soviéticas del Ejército Rojo. Dio estrictas ordenes de que su cuerpo y el de Eva Braun fueran cremados para evitar los ultrajes que había sufrido el cadáver del líder fascista Benito Mussolini poco tiempo antes: el día 28 de abril los partisanos ejecutaron a él y a su amante Clara Petacci y entregaron los cuerpos al pueblo para que arremetieran sobre ellos de modo que los desfiguraron dejándolos irreconocibles.


La cremación se llevó a cabo en el jardín de la Cancillería del Reich y los restos fueron sepultados allí mismo superficialmente. Cuando los soldados rusos penetraron en las instalaciones se apoderaron de estos y, aunque el gobierno de la URSS avaló la versión del suicidio, nunca presentó al público las evidencias materiales para sustentarla.

A partir de esa misma época surgieron diversas teorías según las cuales el cadáver encontrado en el búnker pertenecía a un doble del dictador, y que éste había logrado huir. En 2010 el periodista argentino Abel Basti publicó el libro «El exilio de Hitler», el cual es una entrega más del resultado de sus investigaciones realizadas durante quince años sobre la presencia de criminales nazis en Argentina. De acuerdo con este autor, el doble de Hitler llegó al Búnker el 22 de abril de 1945 y ese día el verdadero Hitler voló al aeropuerto austriaco de Linz acompañado de una comitiva conformada por ocho personas, entre ellas Eva Braun. Supuestamente permanecieron allí cuatro días antes de volar a Barcelona, España, el 26 de abril -esto según entrevistas con testigos contemporáneos- donde contaba con el apoyo del dictador fascista Francisco Franco.

Con la anuencia de los estadounidenses, a quienes según Basti les interesaba que Hitler viviera para contener el avance del comunismo, un convoy de submarinos nazis salió de España, realizó una escala técnica en las Islas Canarias y el Fürer desembarcó en la Patagonia entre julio y agosto de 1945, con la complicidad del presidente Edelmiro Farrell y el ministro de Guerra Juan Domingo Perón.

Basti escribe: "En los primeros años vivió en una estación cercana a Bariloche, luego en otras partes del país, ya que cambió de residencia en más de una oportunidad. Siempre lo acompañaron dos guardaespaldas, aveces tres. Su actividad política se limitó a algunas reuniones con viejos camaradas y con algunos militares argentinos. Murió en Argentina en los años sesenta; Eva Braun, más joven que él, le sobrevivió". No hay pruebas suficientes que avalen lo relatado por Basti, quien aún se mantiene en busca del cadáver.

Información extraída de la revista: Muy Interesante (Enero 2011)

Una imagen atractiva para el nazismo

En 1936 el filósofo alemán Walter Benjamin describió al fascismo alemán como la "estetización de la política", en vista de la cultivada imagen que tuvo el régimen nazi. La campaña publicitaria que caracterizó a este gobierno es comparable quizá con la de cualquier producto de consumo del siglo XXI, abarcando todo el aspecto mediático de entonces: prensa, radio, y por supuesto las espectaculares concentraciones masivas, elemento fundamental como muestra de poder, mismas que llegaron a ser diseñadas a todo detalle para causar el mayor nivel de impacto no sólo en los alemanes, sino en los extranjeros que las presenciaron, donde las marchas por las calles, el uso de procesiones con antorchas y oradores tuvieron gran alcance visual. Las calles y oficinas gubernamentales ostentaban la imagen de la infame esvástica, un logotipo sencillo que sería el sueño de un publicista moderno, diseñada en colores elementales para la lectura, negro sobre fondo blanco.

La propaganda en torno al poder militar fue muy visual, con énfasis en el diseño técnico castrense, como aviones, buques, submarinos y tanques. incluso el casco de uso reglamentario alemán, stahlhelm, aunque utilizado desde 1916, se convirtió en un objeto primordial de propaganda para el Tercer Reich.

Sin duda la manera en que el régimen mostró una de sus mejores representaciones estéticas fue a través del uso de la cinematografía como propaganda; películas, sobre todo documentales, tejen la idea del guerrero, la "raza humana" ideal y la noción de la identidad nacional. Cobran especial interés los famosos documentales Olympia y El Triunfo de la Voluntad, dirigidos por Leni Riefenstahl, que son considerados auténticos logros técnicos en maestría de la cinematografía.


Información extraída de la revista: Muy Interesante (Agosto 2011)

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