Los asaltantes presentaron entonces su demanda: la liberación de 234 presos palestinos y no árabes de las cárceles de Egipto y su traslado bajo salvoconducto más allá de las fronteras del país. Exigieron también que las autoridades alemanas liberasen a Andreas Baader y Ulrike Meinhof, pertenecientes a la organización revolucionaria Fracción del Ejercito Rojo. El gobierno alemán se opuso tajantemente pero ofreció a cambio una cantidad ilimitada de dinero. Esta oferta fue rechazada por los terroristas, cuya respuesta fue: «el dinero no nos importa, nuestras vidas no nos importan en absoluto».
La mañana del 5 de septiembre transcurrió entre infructuosas negociaciones de los terroristas con el jefe de policía de Múnich y el director del equipo olímpico egipcio. Más tarde, los terroristas exigieron ser trasladados a El Cairo. A las 10:10 pm, dos helicópteros trasladaron a terroristas y rehenes a la cercana base aérea de Fürstenfeldbrück, donde les esperaban dos miembros del Mossad, la policía y cinco francotiradores alemanes. Ninguno de ellos disponía de mira telescópica ni de equipo de visión nocturna, y tampoco habían recibido alguna instrucción especial. Un Boeing 727 esperaba sobre la pista de despegue con un reducido grupo de agentes alemanes disfrazados de tripulación de vuelo. Estaba previsto que estos hombres redujesen a los terroristas del primer helicóptero mientras los francotiradores neutralizaban a los del segundo, pero en el último instante la policía alemana a bordo del Boeing 727 cancelo la misión.
Los helicópteros aterrizaron a las 10:30 pm. Cuatro de los terroristas encañonaron a los pilotos. Otros dos entraron en el Boeing. Al encontrarlo vació, supieron que habían sido engañados y que no había acuerdo. Casi al mismo tiempo, las autoridades alemanas dieron a los francotiradores la orden de disparar. Estalló el caos. Dos de los terroristas fueron abatidos, pero los demás consiguieron ponerse a salvo y abrieron fuego a su vez. Los pilotos de los helicópteros huyeron, pero los rehenes estaban maniatados y no pudieron abandonar los helicópteros. En medio de la confusión, la policía alemana disparó contra sus propios francotiradores e hirió gravemente a uno de ellos, mientras otros intentaban reanudar las negociaciones. A las 12 horas del 6 de septiembre, los terroristas empezaron a ejecutar a los rehenes. Murieron un total de 17 personas: 11 miembros del equipo israelí, 1 policía alemán y 5 terroristas.
Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional, no mencionó la masacre en un discurso pronunciado días más tarde en el que alababa la fortaleza del movimiento olímpico.
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Interior de la habitación donde se hospedaban los atletas |
Información extraída del libro: Crímenes (Nick Yapp)